Se celebró el Día de la Identidad Villera en el Barrio Padre Mugica, un luchador que constituye “un faro en esa lucha eterna por nuestra dignidad”, tal como lo sostuvo la abogada de la Liga Argentina por los Derechos Humanos y vecina del Barrio Cildáñez, Rosa Herrera, quien también destacó la lucha y resistencia de los vecinos de las barriadas populares. En este marco, volvió a repudiarse la campaña de estigmatización que emprende el gobierno porteño con operativos como Tormenta Negra contra los habitantes de las villas de la Ciudad.
“Lo único que hay que erradicar de las villas es la miseria”. Esta es la leyenda que recibió a quienes asistieron el miércoles pasado al barrio Padre Carlos Mugica, en Retiro, para conmemorar el Día de la Identidad Villera. En ese mismo sitio, hace más de cinco décadas el cura de la opción preferencial por los pobres y fundador del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, desarrolló la Teología del Pueblo, ligada íntimamente a la Teología de la Liberación. Su compromiso revolucionario le costó el asesinato: el 11 de mayo de 1974 una patota de la Triple A lo emboscó y lo mató a balazos en el barrio de Villa Luro, luego de que brindara una misa en la parroquia San Francisco Solano.
El Día de la Identidad Villera conmemora el nacimiento del Padre Mugica y rinde homenaje a quienes medio siglo atrás enfrentaron a la Dictadura para defender el derecho de cientos de personas a tener un lugar donde vivir. Entre ellos estaban Teodoro Urunaga, María Ester Peralta, Oscar Alfredo Zalazar y Ricardo Gamarra Ortiz quienes formaban parte de la primera Junta Vecinal de la Villa 21-24 de Barracas que había sido electa en noviembre de 1975 y que fueron secuestrados en abril de 1976.
Los cadáveres de Ricardo, Oscar y Teodoro fueron descartados por sus secuestradores pocos días después en Parque Centenario y presentaban claros signos de haber sido torturados, pese a lo cual la versión oficial de la Policía Federal fue que se trataba de “subversivos abatidos en un enfrentamiento”. Por su parte, María Ester tenía dos hijos y estaba embarazada de cinco meses cuando se la llevaron y, al igual que su hijo o hija, aún permanece desaparecida.
Cabe citar que Urunaga era paraguayo y albañil, además de militante político y social que se vinculó al Partido Comunista y a partir de eso asumió el compromiso de aportar a forjar unidad desde abajo con distintos sectores del movimiento popular. Así fue que se convirtió en uno de los artífices de la resistencia de la 21-24, que formaba parte de una lucha que articulaba a varias villas como la Cildáñez y la 31.
En ese contexto se destacó la tarea de otro militante del PC, Salvador Herrera, principal dirigente de la Comisión de Demandantes de Villas y Núcleos Habitacionales Transitorios de la Capital Federal que se construyó como una organización transversal basada en el poder popular que, en noviembre de 1979, consiguió un fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones que a instancias de una presentación de los abogados del PC y la Liga, Victoria Nobelino y Horacio Rebón, dictaminó un “No innovar”, que hizo posible que los vecinos de la Villa 31 no fueran desalojados. Ese fallo, a su vez, sentó el precedente jurídico desde el que las demás villas porteñas pudieron resistir legalmente los embates provenientes desde la Municipalidad que por entonces estaba en manos del brigadier Osvaldo Cacciatore.
Pero las topadoras y las patotas del intendente de facto nunca dejaron de estar agazapadas durante estas dos décadas consecutivas de gobiernos macristas en la ciudad y hoy vuelven a revivir de la mano de los operativos encabezados por Jorge Macri denominados “Tormenta Negra”, con los que este continuador de las políticas de Cacciatore (al igual que lo fuera su primo Mauricio) profundiza la estigmatización y criminalización de los vecinos de los barrios populares, que no dejan de resistir y continúan demandando poder vivir en condiciones de dignidad.
En este punto cabe citar que, pese a que el 96 por ciento de los hogares en barrios populares sufre déficit habitacional, el gobierno de Javier Milei retiró el financiamiento necesario para que puedan avanzar las obras de urbanización e integración en estas barriadas donde vive el diez por ciento de la población del país. Se trata de barrios que presentan serios problemas o ausencia total de acceso a la red de servicios públicos de agua potable, cloacas o electricidad, en los que faltan calles o las que hay son de tierra. Mientras que alrededor de la mitad de sus habitantes carecen de títulos de propiedad y todo en medio de un escenario en el que lo que prima es la ausencia de políticas públicas que garanticen el acceso al suelo y la vivienda para los trabajadores. Por lo cual este asunto queda en manos del mercado inmobiliario, lo que contribuye a la especulación con viviendas ociosas y a provocar un mayor déficit habitacional. Algo que ha sido una marca registrada de las sucesivas gestiones macristas desde 2007 a estos días.
Resistir es existir
Así las cosas, el Día de la Identidad Villera se constituyó en una nueva jornada de esa larga resistencia, algo que quedó reflejado en el acto que estuvo organizado por el Comité de Crisis del Barrio Carlos Mugica, que contó entre otros con la adhesión del Movimiento de Villas y Barrios Populares, además de la CTA Autónoma y el Ministerio Público de la Defensa de Ciudad de Buenos Aires y de una gran concurrencia de vecinos. Entre ellos no faltaron algunos históricos moradores de los barrios que conocieron al Padre Mugica y que hoy son pilares para la organización y la construcción de memoria colectiva.

Entre quienes participaron estuvo la abogada de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, Rosa Herrera, quien es vecina del Barrio Cildáñez e hija de Salvador Herrera, quien al dirigirse a los presentes hizo hincapié en la validez de “los grados de organización y lucha que se construyeron”, que son los mismos que “vienen de aquellos tiempos en los que el Padre Carlos Mugica fue un protagonista fundamental, junto con muchos luchadores y luchadoras que surgieron de diferentes barrios, a partir de la necesidad de unirse y organizarse para acceder al derecho constitucional de tener una vivienda digna”.
En la oportunidad, también se presentó el documental “Villas y barrios populares a 50 años del golpe” y, al día siguiente, la actividad de trasladó hacia Plaza de Mayo donde la demanda de los vecinos de las barriadas populares volvió a acompañar la Ronda de las Madres. “Nos reunimos para homenajear al Padre Mugica”, reiteró Rosa Herrera y subrayó la relevancia que tiene la tarea de la construcción de memoria colectiva, ya que las villas y barrios populares “tenemos historia, tenemos héroes y heroínas, historias de resistencia, actos cotidianos positivos todos los días que hacemos nuestras familias, vecinos y organizaciones para mejorar la realidad en que vivimos, niños que estudian y practican deportes, compañeros y compañeras que llegan a la Universidad, que se reciben y trabajan construyendo la ciudad y el país”. Sin embargo, remarcó que todas esas realidades “no son tapa de los diarios ni salen en la televisión como los operativos truchos que hace el gobierno para demonizarnos y no reconocernos como personas”.
La abogada de la LADH recordó que “en la lucha del pueblo palestino descubrí una frase clara: ‘resistir es existir’, esa frase también aplica a nuestros barrios”. Porque, insistió, “luchamos todos los días resistiendo en nuestros barrios, por construir, por transformarlos, por el agua, la vivienda, por una vida digna, para que se nos reconozca el derecho a participar en los lugares de decisión para construir una real integración socio-urbana”. En tal sentido, sin dudarlo, subrayó que el Padre Carlos Mugica siempre fue “un faro en esa lucha eterna por nuestra dignidad”.