Después de participar en el Foro de Llao Llao, que agrupa a los empresarios más millonarios del país, Marcos Galperin se burló de una mujer que se quejó en televisión porque la jubilación mínima que cobra no le alcanza para llegar a fin de mes.
El lunes pasado culminó la undécima edición del Foro de Llao Llao en el que participaron más de sesenta multimillonarios, entre ellos Máxima Zoerreguieta y el ministro de Economía Luis Caputo. Entre los popes del capitalismo de nuestro país también estuvieron presentes Federico Braun, de Suprrmercados La Anónima; Facundo Gómez Minujín, Ceo del JP Morgan Argentina y presidente de la Amcham; Martín Migoya; Ceo de Globant; Daniel Elsztain, dueño de IRSA; Tomás Mindlin, fundador de la finetech Tapi y, por supuesto, Marcos Galperin, el magnate de Mercado Libre y Mercado Pago, que de acuerdo a Forbes es el empresario argentino que posee más riqueza, con una fortuna personal de alrededor de 7.600 millones de dólares.
Queda claro de qué manera piensan todos los que estuvieron ahí, aunque no todos se animan a explicitarlo como lo hizo Galperin apenas viajó desde Bariloche hacia Uruguay, donde disfruta de un autoinfligido exilio para evadir impuestos. Por medio de su cuenta en la red social X, este multimillonario que se jacta de evadir impuestos se burló de una jubilada que admitió ante las cámaras que no le alcanzaba la plata para vivir.
El detonante del regodeo del dueño de Mercado Pago, apareció ante una nota del canal TN en la que una mujer que era entrevistada en la calle se quejó porque no le alcanza su magro haber jubilatorio y cuando se le preguntó de qué había trabajado, respondió “no trabajé”, cuando en realidad debió decir que se jubiló como ama de casa, un derecho que no ha podido conculcar el gobierno de Javier Mieli pese a haber manifestado su intención de avanzar en tal dirección.
“Si no trabajaste nunca en tu vida y tenés más de 65 años, no sos jubilado”, afirmó Galperin sin siquiera permitirse reflexionar sobre cuáles son las tareas de cuidado y asistencia para todo el grupo familiar que llevan a cabo las amas de casa. Si el empresario tuviera alguna duda, podría calcular lo que les paga a quienes cuidan de sus hijos, a las personas que limpian su casa, a las que compran y cocinan los alimentos que consume, etcétera.
Pero por supuesto que sobre nada de esto reflexiona Galperin, quien vive en Uruguay y su empresa no tributa ni un peso en Argentina y para eso se vale de una intrincada arquitectura financiera que comienza en Delaware -un Estado de EE.UU. que funciona como una cloaca fiscal- y desde ahí se va diluyendo a lo largo de un recorrido de triangulaciones tramposas que incluye Suiza, Nueva Zelanda y hasta una zona franca en tierras uruguayas.
Pese a todo esto, su actividad parasitaria en Argentina, donde amasa una fortuna sin trabajar con los intereses usureros que les cobra a los trabajadores que utilizan su billetera virtual, se ve beneficiada por el régimen de promoción a la “economía del conocimiento”: una ayudita del Estado de la que se valen personajes de esta calaña y que fue promovida por los gobiernos de Cristina Fernández, Mauricio Macri, Alberto Fernández y, por supuesto, ahora también por el de Milei.
Precisamente desde que Milei es presidente, Galperin se benefició con casi 250 millones de dólares que salieron de los bolsillos de los trabajadores argentinos. Esto es el equivalente a a unas novecientas mil jubilaciones mínimas, como la que percibe esa jubilada que trabajó durante muchos años como ama de casa y de la que se burló el hombre más rico del país, un “héroe que no paga impuestos”, según la óptica del propio presidente de la nación.
Repudio del MJL
Quien sí reflexionó acerca de todas estas cosas es la dirigente del Movimiento de Jubilados Liberación, María Juana Peralta, quien repudió enérgicamente los dichos de Galperin: “es uno de los hombres más ricos del país y cara visible de Mercado Libre, que se ríe de una jubilada que cobra un salario mínimo y miserable, que no puede pagar sus remedios”. Ese desprecio de clase, señaló, “expone con crudeza la distancia entre quienes acumulan fortunas y quienes apenas sobreviven”.
Ante esta afrenta a todas las jubiladas que han trabajado toda su vida y a quienes todos los miércoles, como ella, van a manifestarse frente al Congreso y por plazas de todo el país, María Juana respondió con claridad: “no se trata sólo de insensibilidad; es la expresión de un poder que se siente impune para humillar y de una política de Estado que sólo se ocupa de enriquecer a los más ricos, mientras denigra a quienes son más vulnerables”.
En este sentido, puntualizó que también resulta preciso remarcar que “muchas mujeres no ‘eligieron’ quedarse en sus casas, sino que fueron empujadas por una época que les negó oportunidades laborales”. En tanto que subrayó que “durante muchos años ellas sostuvieron la vida, las familias y la reproducción social sin salario ni reconocimiento”, y que lo que lamentablemente se pudo ver en esa nota periodística, donde la entrevistada dijo que ‘nunca había trabajado’ no es otra cosa que “la muestra real de la internalización que el patriarcado instaló en el imaginario social, que hace que ‘por la ausencia de un empleador formal’ haya mujeres que no se reconozcan a sí mismas como trabajadoras”.
De todas formas, insistió con que “lejos de que nos resignemos a que nos quiten derechos, esto es algo que refuerza la necesidad de una jubilación digna”. Por lo que añadió que “aunque duele la burla, duele mucho más lo que representa: que tenemos una sociedad que todavía no termina de reconocer al trabajo invisible y que naturaliza la desigualdad”.
En la contextualización de este hecho, reafrimó que “nuestra dignidad como personas mayores no puede ser objeto de risa y, mucho menos, de la risa de quienes concentran riqueza y poder gracias a este gobierno que no sólo nos ajusta a los trabajadores, personas con discapacidad y a los jubilados”, sino que también “nos reprime salvajemente cuando reclamamos por nuestros derechos”.
Para concluir, sostuvo que “esta indignación y repudio tiene que servir para poner en valor el trabajo del cuidado, para denunciar estas violencias e identicar de qué lado de la historia nos ubicamos”, así como también “para exigir una sociedad más justa, donde la empatía no sea un privilegio sino una base mínima de convivencia”.