Falleció a los 74 años la periodista, militante de izquierda y exdiputada nacional Patricia Walsh, una querida compañera de lucha del Partido Comunista. Hija de Rodolfo Walsh y hermana de María Victoria, asesinados por el terrorismo de Estado, fue protagonista de una de las mayores conquistas populares de nuestra democracia. Junto al histórico abogado comunista Carlos Zamorano impulsó la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que permitió reabrir los juicios contra los genocidas. Murió sin poder escuchar la sentencia por la Masacre de la calle Corro, en la que fue asesinada su hermana Vicki.
Este jueves 5 de noviembre falleció Patricia Walsh, a los 74 años, después de permanecer internada por complicaciones posteriores a una intervención quirúrgica. Su muerte enluta al movimiento de derechos humanos, a las organizaciones populares y a las fuerzas de izquierda de nuestro país, entre ellas al Partido Comunista, con el que compartió importantes luchas y una de las victorias más trascendentes contra la impunidad de los genocidas. Periodista, psicóloga social y militante comprometida con las causas populares, Patricia fue mucho más que la hija de Rodolfo Walsh, el extraordinario escritor y periodista revolucionario que puso su pluma y su vida al servicio de la liberación de los pueblos. Supo construir una trayectoria propia, marcada por la coherencia de sus convicciones, la defensa de los trabajadores y una perseverante lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
Su vida estuvo atravesada por los crímenes del terrorismo de Estado. El 29 de septiembre de 1976, su hermana María Victoria, “Vicki”, militante de Montoneros, fue asesinada junto a otros cuatro compañeros durante un brutal operativo represivo desplegado por las Fuerzas Armadas en una vivienda de la calle Corro, en el barrio porteño de Villa Luro. Seis meses después, el 25 de marzo de 1977, un grupo de tareas de la ESMA asesinó y desapareció a su padre, Rodolfo Walsh, quien había denunciado los crímenes de la dictadura en su célebre “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Aquel militante que había colaborado con la Revolución Cubana desde Prensa Latina y que hizo del periodismo un instrumento de intervención revolucionaria dejaba un legado político y moral que Patricia asumiría desde su propia experiencia, sin resignarse jamás al silencio que pretendieron imponer los verdugos.
Patricia había comenzado a militar durante su juventud, participando del movimiento estudiantil y posteriormente de la izquierda peronista. Trabajó como periodista y fue delegada gremial en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, de donde fue despedida por la dictadura en 1976. Con la recuperación de la institucionalidad democrática denunció ante la Conadep la desaparición de su padre y continuó participando activamente de la lucha contra la impunidad. Durante los años noventa se incorporó a H.I.J.O.S., cuando los escraches y las movilizaciones populares mantenían viva la exigencia de justicia frente a las leyes que protegían a los responsables del genocidio.
En 1999 fue candidata a presidenta de la Nación por Izquierda Unida, la alianza conformada por el Partido Comunista y el Movimiento Socialista de los Trabajadores, que había comenzado a organizarse en 1997. Patricia, que participó como independiente, volvió a encabezar la fórmula presidencial de esa coalición en 2003. Entre ambas elecciones, en 2001, fue elegida diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires, cargo que desempeñó hasta 2005. Desde aquella banca, conquistada en medio de la crisis del régimen político y del ascenso de las luchas populares, llevó al Congreso una reivindicación que los partidos tradicionales habían postergado durante años. Su compromiso con los derechos humanos se convertiría entonces en una intervención política decisiva para poner fin a la impunidad institucionalizada durante los gobiernos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem.
Fue en ese contexto cuando Patricia Walsh trabajó estrechamente con Carlos Zamorano, histórico dirigente del Partido Comunista y de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, quien elaboró la estrategia jurídica y redactó el proyecto de nulidad de las leyes de “Punto Final” y “Obediencia Debida” que la diputada presentó ante el Congreso. No se trataba simplemente de derogar aquellas normas, algo que ya había ocurrido en 1998 sin efectos retroactivos, sino de declararlas insanablemente nulas desde el momento mismo de su sanción. Como explicó Zamorano en una entrevista publicada por Nuestra Propuesta en 2025 (Ver:Una victoria comunista y popular por la Memoria, la Verdad y la Justicia), el desafío consistía en impedir que los genocidas pudieran ampararse en el principio de aplicación de la ley penal más benigna para conservar los privilegios que les habían garantizado las normas de impunidad.
Aquella fue una formidable batalla jurídica y política, sostenida desde la militancia popular y trasladada al terreno parlamentario por Patricia Walsh. La diputada logró reunir adhesiones de distintos bloques, construyó acuerdos y perseveró frente a las resistencias de quienes pretendían mantener cerrado el camino de la justicia. Zamorano recordó que “la tarea constante de la diputada Patricia Walsh fue decisiva”. Su intervención permitió reunir las voluntades necesarias para que, con el respaldo político del entonces presidente Néstor Kirchner y la movilización de los organismos de derechos humanos y las organizaciones populares, el Congreso sancionara en agosto de 2003 la Ley 25.779, que declaró insanablemente nulas ambas leyes. Dos años más tarde, la Corte Suprema confirmó su inconstitucionalidad y convalidó la nulidad, dejando definitivamente abierto el camino para el juzgamiento de los responsables del terrorismo de Estado.
“La nulidad fue una victoria popular”, sostuvo Zamorano en aquella entrevista con nuestro periódico. Y lo fue efectivamente, porque constituyó la culminación de una prolongada lucha en la que confluyeron la resistencia de los organismos de derechos humanos, la movilización popular, la intervención de los abogados comprometidos con la justicia y la decisión política necesaria para quebrar los obstáculos institucionales. El papel desempeñado por Patricia Walsh y Carlos Zamorano ocupa un lugar destacado en esa historia. Para el Partido Comunista representa, además, un ejemplo del valor que puede alcanzar la unidad de las fuerzas populares cuando se construye alrededor de objetivos políticos concretos, sin sectarismos y con la firmeza necesaria para enfrentar a los poderes que sostienen la impunidad.
Sin embargo, Patricia murió sin poder ver concluida otra batalla que atravesó toda su vida. Recién el 18 de marzo de este año comenzó el juicio por la Masacre de la calle Corro, casi medio siglo después de aquellos asesinatos. El 13 de mayo prestó declaración ante el Tribunal Oral Federal N.º 7 y reconstruyó las circunstancias del operativo represivo en el que fue asesinada su hermana. “Estamos seguros de que fue una masacre porque eran 205 contra cinco. Ella no pierde la vida por voluntad propia. A ella la asesinaron”, sostuvo ante los jueces, rechazando la versión construida para justificar el crimen. La justicia argentina tardó casi cincuenta años en llevar a los acusados ante un tribunal y Patricia falleció sin poder escuchar la sentencia. Esa demora constituye una expresión dolorosa de los mecanismos de impunidad que siguen atravesando al Poder Judicial y que permitieron que numerosos responsables del genocidio eludieran durante décadas el castigo por sus crímenes.
Hasta sus últimos años continuó participando activamente de las querellas por delitos de lesa humanidad, entre ellas las correspondientes a la Megacausa ESMA, donde se juzgaron los crímenes cometidos contra su padre. En 2025 intervino junto a Myriam Bregman en una presentación judicial para reclamar la preservación de los archivos históricos de la Armada. Su compromiso no quedó detenido en las grandes conquistas del pasado, sino que siguió expresándose frente a las nuevas amenazas contra las políticas de memoria, verdad y justicia. En momentos en que desde el gobierno de Javier Milei se promueven discursos de reivindicación de la dictadura y se profundizan los ataques contra las políticas de derechos humanos, su trayectoria recuerda que ninguna conquista popular está definitivamente asegurada y que la lucha contra la impunidad exige una vigilancia y una organización permanentes.
Patricia Walsh fue una querida compañera con la que compartimos luchas, esperanzas y victorias. Su nombre permanecerá unido a una de las conquistas democráticas más importantes de nuestro pueblo, aquella que hizo posible volver a sentar en el banquillo de los acusados a los responsables del terrorismo de Estado. La despedimos con el dolor de su partida y con el reconocimiento que merece una vida dedicada a la justicia y a las causas populares. Su lucha, como la de Rodolfo y Vicki, forma parte de una historia colectiva que las fuerzas de la reacción no han podido borrar. Y su ejemplo seguirá presente en cada movilización, en cada juicio y en cada batalla que nuestro pueblo libre contra la impunidad, por la memoria y por una Argentina definitivamente liberada.
El saludo del Partido Comunista
¡Hasta la Victoria Siempre, Patricia querida!
Despedimos con dolor a nuestra compañera Patricia Walsh, con quien desde el Partido Comunista hemos compartido batallas trascendentales en el largo camino de la militancia política, social y de los derechos humanos. Patricia bregó siempre en diferentes coyunturas por la unidad de distintas tradiciones de la izquierda y el movimiento popular para aportar a la construcción de alternativas dispuestas a avanzar hacia la liberación nacional y social.
“La historia parece propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas. Pero el pueblo no dejó nunca de alzar la bandera de la liberación, la clase obrera no dejó nunca de rebelarse contra la injusticia”, sostenía su padre, Rodolfo Walsh, y ella les puso el cuerpo a esas enseñanzas a lo largo de su destacada y valiente trayectoria militante.
A fines de los noventa supimos encontrarnos codo a codo en la calle con Patricia en los escraches de HIJOS a los milicos y sus cómplices civiles impunes. A principios de los años 2000, luego de ser protagonistas de la rebelión social que echó al gobierno de De la Rúa, junto a ella impulsamos desde Izquierda Unida la iniciativa que terminó con la impunidad del Punto Final y la Obediencia Debida.
Ese proyecto, elaborado por el PC y la Liga Argentina por los Derechos Humanos en coordinación con compañerxs independientes y del MST en IU, apalancado en la lucha incasable del conjunto de los organismos de DDHH y con la voluntad política del gobierno de Néstor Kirchner, logró convertirse en ley el 21 de agosto 2003.
Desde su banca de Diputada Nacional en IU, espacio por el cual también fue candidata a presidenta en una lista que llevó como candidato a Diputado a nuestro camarada Patricio Echegaray, anulamos aquellas leyes de impunidad y reabrimos la posibilidad de volver a juzgar a los represores y genocidas de la última dictadura cívico-militar que habían sido beneficiados por ellas.
Por ese camino, seguimos batallando hasta voltear años más tarde los indultos de Menem y para que se reconocieran como delitos de lesa humanidad los crímenes cometidos por la Triple A, que fueron Terrorismo de Estado. En todas esas batallas, Patricia Walsh estuvo presente.
Compañera: junto a tu papá, Rodolfo, tu hermana Vicky y a todxs lxs 30 mil, seguís estando presente en nuestro recuerdo y en nuestra lucha.
Hoy continuamos tu ejemplo para derrotar a este gobierno negacionista, que profundiza el modelo de la miseria planificada, denunciado por Rodolfo Walsh en su “Carta Abierta a la Junta Militar”, para favorecer la concentración de la riqueza en pocas manos.
Por Memoria, Verdad y Justicia, como reafirmamos en unidad cada 24 de marzo y cada vez que sea necesario, seguiremos dando tu lucha. Por una Argentina con todos los derechos para todxs, seguiremos dando tu lucha. Que es la lucha a de todo un pueblo que resiste y quiere vivir con dignidad, en una patria libre, justa y soberana. Porque no se resigna ante la injusticia y la impunidad.
¡Compañera Patricia Walsh, presente! ¡Ahora! ¡Y siempre!
Secretariado Nacional del Partido Comunista de la Argentina