Como parte de las actividades llevadas a cabo en Corrientes, el PC y La Fede de esa provincia honraron la memoria de quien fuera un destacado militante comunista, secuestrado y asesinado por el terrorismo de Estado en 1977. Compartimos un trabajo conjunto de Nueva Mirada Radio, el Partido Comunista de Corrientes y Victoria Barcia, que ayuda a comprender quién era Ito y nos permite ahondar en su legado.
El Mes de la Memoria se cerró en Corrientes con una jornada cultural que tuvo música, poesía y teatro, en la cual la juventud volvió a ocupar el espacio público para hacerlo propio y llenarlo de sentido.
La cita fue en la capital provincial y por el escenario pasaron, entre otros, Fátima Lucía, Disrupted Boyz (Arthem y DSlasher), Miko Cortés en “Trío Inventado” y Rotzio y Luze Hija del Arte. En este marco también se presentó la obra “Recuerdo de Infancia”, de Ludmila Loreley, y hubo poesía de la mano de Daniel Donner.
En la actividad homenaje a Ito Gómez tuvo lugar además una radio abierta, en la que intervinieron la Presidenta del Partido Comunista de Corrientes, Sonia López, el Secretario Político del PC correntino, Diego Silva, y su par de la FJC, Jeremías Giordano. Ahí se pudieron escuchar los testimonios de Inés Thomson y Fabio Acevedo. Inés fue la primera compañera de militancia de Ito y Fabio es uno de los niños que Ito estaba cuidando cuando lo secuestraron.
¿Pero quién fue Ito Gómez? Sobre esto indaga un trabajo conjunto de Nueva Mirada Radio, el Partido Comunista de Corrientes y Victoria Barcia, que contó con la inestimable participación de familiares de este militante comunista que fue asesinado bajo tortura el 15 de agosto de 1977 en el ex Regimiento de Infantería 9, ubicado en la capital provincial. Ito es protagonista de una historia que está atravesada por la militancia política durante la década del 70, por la represión ilegal del terrorismo de Estado y por su compromiso indoblegable por construir una sociedad sin explotadores ni explotados. Una historia que narra el trabajo que compartimos a continuación.
Ito: del campo correntino a una vida marcada por la lucha
“Yo quiero vivir, quiero servir para la humanidad”. La frase no es retrospectiva. Es memoria viva. La recuerda su hermano, Lucilo Félix Gómez, como una forma de definir quién fue Pedro Fortunato Ito Gómez antes de todo lo demás.
Nacieron en el departamento de Empedrado, en una zona rural de Corrientes donde la vida estaba atravesada por el trabajo y la precariedad. Ito nació en 1937, hoy tendría 89 años; y su hermano, Félix, en 1938, un año de diferencia. No eran los únicos, había dos hermanos más.
“Mi papá tenía una herencia, de una hectárea de campito, sembrábamos. Pasábamos muchas dificultades”, reconstruye Lucilo. La familia vivía de lo que daba la tierra hasta que una plaga de langostas en 1944, arrasó con la producción. Ese hecho empujó la migración hacia la capital correntina…pero no fue inmediato, fue hasta que su papá pudo encontrar un trabajo, recién a mediados de 1946. Mientras tanto Ito y Félix siguieron su educación en una escuela rural. “Íbamos a la escuela a caballo, de a pie, cruzando una laguna cuando llovía”, recuerda Lucilo, tras lo que marca que “no sabíamos nada de lo que era una ciudad”. El traslado no significó alivio inmediato: implicó adaptarse a otra lógica de vida, buscar trabajo y reconstruir vínculos desde cero.
En ese contexto creció Ito. Desde chico trabajó: vendía diarios por la mañana, hacía changas, lustraba muebles, realizaba tareas domésticas. “Siempre fue inquieto, le gustaba progresar. Muy honesto. No era ventajero”, dice su hermano.
Pero había algo más. Un límite físico que apareció temprano. Cuando fueron convocados para formar el equipo de fútbol correntino en los Juegos Evita de 1950. Le realizaron revisaciones médicas y los estudios detectaron una afección cardíaca: una estenosis aórtica congénita. Ito tenía dificultades respiratorias y no podía sostener esfuerzos intensos. La enfermedad lo acompañó toda su vida.
En 1955, teniendo dieciocho años, Ito viaja a Buenos Aires buscando una mejor forma de vida, consigue un trabajo, vuelven a hacerle estudios médicos y es rechazado del puesto laboral.
Inmediatamente volvió a Corrientes. Al año siguiente le toco a Félix hacer lo mismo, y fue que se quedó. Aún así, Ito no se detuvo. Siguió trabajando, moviéndose por la ciudad, intentando sostenerse.
En ese ir y venir, también comenzó a viajar. Primero dentro de Corrientes, después hacia Buenos Aires, buscando mejores condiciones de atención médica.
Años después, en 1977, esa misma esperanza de vivir sería arrancada. Ito Gómez fue secuestrado el 15 de agosto y asesinado bajo tortura en el Regimiento de Infantería 9 de Corrientes, durante la dictadura. Su historia, sin embargo, empieza mucho antes.
De la enfermedad a la política: el camino militante de Ito
Ito Gómez era enfermo cardíaco y en su búsqueda por sanar en la capital del país fue atendido en distintos centros de salud, primero en el histórico Hospital Rawson, en octubre de 1959, hospital que luego sería cerrado y demolido por la dictadura en 1978.
Entre las idas y venidas y una recaudación que se estaba haciendo para que Ito pudiera tener una operación “fue que empezó a mirar cómo era la política, por lo que le pasaba a él”, supone Félix.
Cabe recordar que 1959 y 1960, Latinoamérica era territorio de revoluciones y liberaciones, entre ellas la Revolución Cubana, mientras que en Argentina gobernaba Arturo Frondizi, que había llegado al poder con un acuerdo tácito con el peronismo que por entonces estaba proscripto.
En lo económico el gobierno nacional quedó marcado por la frase “hay que pasar el invierno”, que sintetiza ese momento: caída del salario real, aumento del costo de vida y conflictividad social. Y en el plano político, el gobierno quedó cada vez más presionado por las Fuerzas Armadas, que actuaban como un actor con poder de veto exigiendo una línea dura contra el peronismo y el comunismo, en sintonía con la lógica hemisférica de la Guerra Fría.
En Corrientes gobernaba Fernando Piragine Niveyro, hasta 1962, cuando se da el Golpe de Estado que termina con el gobierno de Frondizi. Su gobierno se dio en un contexto similar al nacional: proscripción del peronismo, fuerte peso de las Fuerzas Armadas y conflictos sociales derivados de las políticas económicas. Esto se tradujo en tensiones políticas internas, disputas entre sectores conservadores y desarrollistas, así como en conflictos vinculados al movimiento obrero y estudiantil.
En esa situación Ito vuelve a Corrientes. Comenzó a realizar changas, tareas domésticas y trabajos livianos para poder seguir tratando su afección cardíaca. En 1963, vuelve a Buenos Aires porque ya se sentía muy atacado.
Fue en el Hospital Italiano, donde lo intervino un equipo vinculado al cardiocirujano René Favaloro. Las evaluaciones eran claras: su condición era grave, pero existían posibilidades de tratamiento en contextos más avanzados. Mientras tanto, su vida seguía.
De Corrientes a Buenos Aires, y de Buenos Aires otra vez a Corrientes, entre consultas médicas, trabajos precarios y la vida cotidiana, Ito fue construyendo algo más que una supervivencia: una forma de estar con otros.
Esa experiencia personal con la enfermedad lo llevó a vincularse con espacios comunitarios. En la organización Cordic, por ejemplo, colaboraba en tareas de orientación a personas con problemas cardíacos en el antiguo mercado municipal de Corrientes. No era una militancia formal todavía, pero sí un modo de compromiso.
“Nunca se quedó quieto”, resume Lucilo. Así organizaba festivales y demás actividades para recaudar dinero para su tratamiento y demás enfermos cardíacos. Esa inquietud, atravesada por la enfermedad, el trabajo y la vida colectiva, sería el punto de partida de un proceso mayor: su ingreso a la militancia política.
Ya desde antes de la última dictadura cívico militar argentina, en épocas de la Triple A, Pedro Fortunato Ito Gómez era un militante del Partido Comunista de Corrientes, siendo el responsable de distribución de la prensa partidaria. “Ito miraba de manera negativa todo lo que pasaba en ‘la política’ y él tenía mucha esperanza”, recuerda Lucilo.
Pero aún así, Ito no se detuvo. Siguió trabajando, moviéndose por la ciudad, intentando sostenerse. En ese ir y venir, también comenzó a viajar. Primero lo hizo dentro de Corrientes, después hacia Buenos Aires, buscando mejores condiciones de atención médica.
Ito Gómez: una historia del RI9 que todavía espera justicia
En la historia del terrorismo de Estado en Corrientes hay nombres que aún no encontraron justicia en los tribunales. Uno de ellos es el de Pedro Fortunato “Ito” Gómez, militante comunista que murió bajo tortura el 15 de agosto de 1977 en el ex Regimiento de Infantería 9 (RI9). Su historia atraviesa la militancia política de los años setenta, la represión ilegal de la dictadura y una memoria familiar que todavía hoy se reconstruye.
Ito tenía 39 años cuando fue secuestrado. Era trabajador de la organización comunitaria Cordic, que en aquellos años sostenía puestos de información y asistencia para enfermos cardíacos en la ciudad de Corrientes. El suyo funcionaba en el antiguo mercado municipal, en el lugar donde hoy está la plaza Juan de Vera. Además de ese trabajo comunitario, militaba en el Partido Comunista y era responsable de la distribución de la prensa partidaria.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como una persona solidaria, cercana a los sectores más humildes y profundamente comprometida con sus compañeros y compañeras de militancia.
La noche de su secuestro lo encontró en una situación cotidiana. Estaba cuidando a los hijos de Gladis López, una compañera y cuando los grupos de tareas llegaron a la casa de la calle San Lorenzo 2368 para buscarla, Ito fue quien enfrentó la situación.
Según el relato posterior de Gladis, los militares lo golpearon y lo torturaron incluso en el patio de la vivienda antes de llevárselo detenido. Aquella noche quedó marcada también por otra escena. Uno de los niños, de apenas siete años, fue apuntado con una ametralladora para que dijera dónde estaba su madre...el chico se negó. Ese niño era Fabio Acevedo, quien años más tarde se convertiría en guitarrista del conjunto chamamecero Los de Imaguaré.
Después del operativo, Ito fue trasladado al Regimiento de Infantería 9, que durante la dictadura funcionó como centro clandestino de detención. Allí fue sometido a interrogatorios y sesiones de tortura. Tenía una dolencia cardíaca previa que terminó agravándose durante los tormentos. El 15 de agosto de 1977 murió en ese lugar.
Testimonios posteriores señalaron que se negó a delatar a otros militantes. Esa decisión, según quienes reconstruyeron el caso, permitió salvar la vida de varios compañeros.
Durante años, su historia quedó sostenida por la memoria de quienes lo conocieron. Gladis López y otros militantes conservaron su recuerdo como el de un compañero solidario que enfrentó la represión sin entregar a nadie.
En los últimos tiempos, parte de esa historia comenzó a reconstruirse, también desde la familia a través de Victoria Barcia, pareja de uno de sus sobrinos nietos...así volvieron a reunirse relatos, documentos y fotografías que permiten recuperar su figura más allá del expediente judicial. Entre esas imágenes hay una que lo muestra con los hijos de Gladis, a quienes estaba cuidando el día de su secuestro, y otra junto a uno de sus hermanos.
Sin embargo, la pregunta judicial sobre su muerte sigue abierta. Primero está el juicio del Regimiento de Infantería 9 realizado en 2008, el primer proceso por crímenes de lesa humanidad en la provincia de Corrientes, que investigó el funcionamiento del RI9 como centro clandestino de detención durante la dictadura. El tribunal dio por probado que en ese lugar se practicaron secuestros, torturas y detenciones ilegales contra militantes políticos y sociales.
En esa causa fueron condenados cuatro represores: Rafael Julio Manuel Barreiro, ex coronel del Ejército, a prisión perpetua; Juan Carlos De Marchi, ex capitán del Ejército, a veinticinco años; Horacio Losito, también ex coronel del Ejército, a la misma pena y el ex gendarme Raúl Alfredo Reynoso a dieciocho años. En tanto que resultó absuelto el gendarme Carlos Roberto Piriz.
Ese juicio se basó en catorce víctimas que habían pasado por el centro clandestino del regimiento y permitió probar judicialmente que el RI9 funcionó como parte del aparato represivo en Corrientes. Durante el proceso, incluso, se identificó el cuerpo de una de las víctimas, el estudiante Rómulo Artieda. Para ese primer juicio el Partido Comunista de la Argentina y la Liga Argentina por los Derechos Humanos intentaron ser querellantes para buscar justicia del asesinato de Ito, pero eso no fue permitido.
Muchos años después se abrió el proceso más grande realizado en la provincia por estos delitos, conocido como la megacausa de la Brigada de Infantería VII, que investigó el funcionamiento del aparato represivo en toda la subzona militar 23. En ese juicio se analizaron más de cien casos de secuestros, tormentos y privaciones ilegales de la libertad, además de desapariciones y homicidios.
La sentencia se dictó en 2023 y condenó a siete represores: los ex oficiales de inteligencia del RI9, Horacio Losito y Juan Carlos De Marchi, recibieron condenas a veinticinco años de prisión; el ex alférez de Gendarmería, Raúl Reynoso, tuvo una pena de dieciocho años; Eduardo Cardoso, ex oficial del comando de la Brigada VII, recibió condena a quince años; el ex coronel del RI9 Abelardo de la Vega una de doce, el ex teniente primero del RI9, Raúl Horacio Harsich, de ocho años y Pedro Alarcón, que era auxiliar de inteligencia de Gendarmería, resultó condenado a cuatro años. Otros dos acusados resultaron absueltos.
Este segundo juicio permitió ampliar el alcance de las investigaciones: abarcó crímenes cometidos contra más de un centenar de víctimas en Corrientes y otras provincias del nordeste bajo la órbita de la Brigada VII, pero sin embargo, incluso después de estos procesos, muchos casos individuales no llegaron a ser juzgados o quedaron fuera de las causas principales. Entre ellos aparece el de Pedro Fortunato “Ito” Gómez.
En otras palabras: hubo juicios que demostraron el funcionamiento del aparato represivo en Corrientes y condenaron a varios de sus responsables, pero todavía hay historias concretas -como la de Ito- que no tuvieron un proceso judicial propio ni una sentencia que establezca responsabilidades por su muerte.
Su nombre sigue siendo una de las historias del RI9 que todavía esperan un juicio propio y una sentencia que establezca responsabilidades por su muerte. Mientras tanto, su memoria continúa transmitiéndose entre compañeros, amigos y familiares. Y es en esa persistencia también se sostiene la exigencia de justicia.