En el mismo sitio en el que fuera asesinado hace 51 años por la Triple A, se honró la memoria de David “Watu” Cilleruelo en un acto en el que decenas de jóvenes reafirmaron su compromiso con la lucha ejemplar de este estudiante universitario y militante de la Fede. “La memoria de David está viva y esa es nuestra revancha: que se sepa lo que hizo y cómo lo hizo”, dijo en la oportunidad su hermana, Raquel Cilleruelo.
“Los delitos de la Triple A son delitos de lesa humanidad”, reclamó la convocatoria que la Comisión Permanente de Homenaje a Watu hizo para la jornada que se llevó a cabo el viernes pasado en la sede del Área de Ingeniería de la Universidad Nacional del Sur (UNS), en Bahía Blanca, a cuarenta años del primer homenaje que se le hiciera y a 51 de que fuera asesinado. Por tal motivo ahí se dieron cita, entre otros, la hermana de David, Raquel Cilleruelo, la dirigente de La Fede local, Malena Larrea, el Secretario del Partido Comunista de la provincia de Buenos Aires Christian Poli, su par de la juventud comunista, Camila Recofsky, y el titular de Movimiento Universitario de Izquierda bonaerense, Agustín Rigo.
Watu era estudiante de la carrera de Ingeniería Industrial en la UNS y militaba en la FJC. Fue asesinado en el pasillo del Cuerpo B del edificio universitario por integrantes de una patota de la Triple A que actuaba bajo las órdenes del entonces rector interventor, Remus Tetu. Su asesinato fue tan terrible como la cobardía de quienes lo ultimaron, ya que lo hicieron de un tiro en la nuca y ante decenas de estudiantes que transitaban los pasillos de la sede universitaria a media mañana del jueves 3 de abril de 1975.
Tuvieron que pasar 46 años para que este crimen fuera llevado a juicio, ocasión en la que se condenó algunos de los responsables, al tiempo que el tribunal interviniente calificó a los delitos cometidos por la Triple A como crímenes de lesa humanidad que, por ende, son imprescriptibles como lo son aquellos perpetrados por quienes actuaron bajo el paraguas que les brindaba la dictadura instalada en el gobierno desde el 24 de marzo de 1976.
En septiembre de 2021, la Universidad Nacional del Sur le concedió a David Watu Cilleruelo el Doctorado Honoris Causa post mortem, en lo que, sin lugar a dudas, constintuyó un acto de reparación histórica, institucional y simbólica, el único de estas características que se hizo en Argentina.
Este viernes, en horas de la mañana, comenzaron a desarrollarse diversas actividades que fueron convocadas por La Fede, el MUI, la Agrupación Ultravioleta de la Escuela de Artes Visuales de Bahía Blanca y la Juventud de la CTA local. Se trató de una jornada artística en la que fue pintado un mural móvil con el retrato de Watu. Además hubo música y una performance teatral protagonizada por estudiantes de la Escuela de Teatro bahiense. Ya por la tarde fue el turno del acto central, que tuvo lugar en el mismo pasillo en el que, 51 años atrás, fuera asesinado Watu.
“Fueron muy buenas actividades porque se propició el diálogo intergeneracional, ya que fue un espacio donde estuvieron docentes, trabajadores activos y jubilados, también algunos de los que fueron compañeros de Watu junto con estudiantes de ahora, entre quienes, incluso, había muchos que no conocían bien la historia de Watu, por eso poder tener este diálogo es fundamental, principalmente en estos momentos tan complicados como el actual”, señaló Malena Larrea. La dirigente de la Fede bahiense insistió en que resulta preciso “que seamos cada vez más los jóvenes que participemos, porque a cincuenta años del último golpe de Estado, tenemos la responsabilidad histórica de hacernos cargo de lo que vendrá”.
Pasaron más de cincuenta años del asesinato de Watu. Cada 3 de abril es diferente pero conserva el mismo y profundo significado, sorbe todo para Raquel Cilleruelo, así como para el conjunto de jóvenes que año a año manifiesta su voluntad de mantener viva la memoria de Watu y dar cuenta de su lucha.
Desde 1995 esta es una fecha especial para Raquel, quien viaja desde Rosario, donde reside, hacia Bahía Blanca, tal como lo hizo hasta el último momento su madre, Susana. “Se puso mucho énfasis en la participación de los jóvenes y en la unión para salir del pozo en el que estamos”, celebró la hermana de Watu al valorar positivamente las palabras que dejaron cada uno de los que se dirigieron a los presentes durante el acto que se hizo en la UNS.
Pero por encima de todo celebró que pudo ver “una juventud comprometida, tantos chicos jóvenes que se hicieron presentes y es en ellos donde tenemos que poner el énfasis, porque nosotros estamos grandes y si bien no es poco haber mantenido la memoria durante cinco décadas, ahora son ellos quienes van a hacerlo” y mientras haya memoria, afirmó, “David va a seguir vivo”. Por lo tanto, destacó que “es muy importante lo que hacen estos chicos y chicas, sobre todo todo cuando es mediante el arte, porque muchas veces el arte sirve como catalizador de las emociones, que son tan fuertes y que sentimos en estos momentos al recordarlo”.
En tanto que, concluyó, “la memoria de David está viva y esa es nuestra revancha: que se sepa lo que hizo y cómo lo hizo”. Cuando fue asesinado, Watu tenía veintitrés años, “una edad a la que muchos andan en la pavada, pero él estaba muy comprometido con sus ideas a pesar de su juventud”.
Como volvió a quedar en evidencia el viernes pasado, Watu continúa presente en los pibes que ahora levantan sus banderas, algo que también representa una caricia para Raquel. “Cuando venía a Bahía Blanca, mi mamá siempre decía que se sentía como la madre todos lo compañeros de la universidad y de la militancia de David. Ahora los que tenemos la misma edad que ella en esos años, sentimos como los chicos jóvenes nos abrazan y sabemos que ellos son los que siguen con la lucha: algo que hacen con mucho amor y eso es maravilloso”.