Se presentó en la ex Esma el libro de David Serrano Blanquer, en el que recupera voces de mujeres sobrevivientes de los Centros Clandestinos de Detención y Tortura de la última dictadura cívico-militar. Una de ellas es la de la presidenta de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, Iris Pereyra de Avellaneda.
La tarea de construir la Verdad y la Justicia tiene un punto nodal en la permanencia de la Memoria, en un trabajo que debe ser perseverante y cotidiano. En ese recorrido es que se inscribe el libro “Cuerpos cautivos, memorias vivas”, en el que el autor catalán, David Serrano Blanquer, recupera voces de mujeres sobrevivientes de los Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio de la última dictadura cívico-militar, y que se presentó la semana pasada en el Espacio Memoria y Derechos Humanos que funciona en la ex Esma, en plena resistencia contra el vaciamiento que padece como parte de los ataques sistemáticos a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia que implementa el gobierno negacionista de Javier Milei y Victoria Villarruel.
Ahí, junto a Serrano Blanquer, estuvieron presentes tres de estas mujeres que con sus testimonios le dieron carnadura al libro: la doctora en Psicología Ana María Careaga, la periodista y escritora Miriam Lewin y la Presidenta de la Liga Argentina por los Derechos Humanos (Ladh), Iris Pereyra de Avellaneda, mamá del Negrito Avellaneda, la víctima más joven de los vuelos de la muerte.
“Hace un tiempo, por medio de una compañera del Partido, David me convocó porque quería conocer mi historia”, refirió Iris y añadió que “por lo general, siempre se habla de los hombres, pero poco de los secuestros y torturas que padecimos las mujeres, por eso él quería hacer un libro contando la historia de las mujeres que pasaron por Centros Clandestinos, como por ejemplo yo que tuve que pasar por Campo de Mayo”.
Se trata de un texto en el que, sobre el hilo conductor de tres historias, quedan expuestas las situaciones por las que atravesaron miles de mujeres secuestradas por el aparato montado por el Terrorismo de Estado. “A mí me torturaron porque querían saber dónde estaba mi marido, pero no me pudieron sacar ni una palabra”, puntualizó Iris y sostuvo que en ese terrible momento recordó “cuando a los diecisiete años me afilié al PC y lo teníamos al abogado de la Liga Julio Viaggio, quien nos dijo que si algún día tuviéramos un problema de detención o secuestro, nunca habláramos más de lo que teníamos que hablar...me acuerdo mucho de Julio, era un tipo divino y sencillo para explicar las cosas”. De esa misma clase de personas imprescindibles es Iris, que como muestra de su propia entereza elige recordar humildemente las enseñanzas de sus camaradas: “cuando yo estaba en la tortura, tenía en mi mente la cara de Julio que me decía: no”.
Con la sencillez y profundidad que la caracteriza, la titular de La Liga subrayó que “esa fue la enseñanza que tuve a mis diecisiete años en el Partido Comunista, que para mí fue una escuela, porque yo me eduqué en una casa de comunistas y con la gran cantidad de compañeros que había en esos años de la década de 1960, antes de que pasara lo que pasó”. Y subrayó: “nunca negué que soy comunista y siempre que lo repito me lleno de orgullo”.
Esa actitud de la Presidenta la LADH, que conmovió al auditorio que se convocó para la presentación de “Cuerpos cautivos, memorias vivas” en la ex Esma, es la misma que con particular tesón, despliega habitualmente en escuelas y otras instituciones donde brinda charlas en las que cuenta su historia, donde habla del sentido que tuvo y tiene la lucha colectiva de la que forma parte, sensibilizando y concientizando sobre la importancia que tiene la tarea de construir Memoria para alcanzar la Verdad y hacer Justicia.
Se trata de una tarea que a menudo no resulta fácil. Especialmente en los tiempos que corren, con un gobierno que niega, cuando no reivindica abiertamente, los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura genocida. “De por sí la Ex Esma es un lugar tétrico, lo mismo pasa cuando una entra a Campo de Mayo…se te hiela hasta el alma, porque son lugares que remiten a cosas que una ha vivido y eso queda en el cuerpo”, compartió Iris con el temple de siempre. Sin embargo, lejos de quedarse en la denuncia indispensable de aquellas atrocidades cometidas al amparo de las órdenes de Washington para implantar el neoliberalismo en nuestro país y en toda la región, remarcó que “hay que seguir contando la historia porque tiene que quedar el precedente para los más jóvenes, para las nuevas generaciones que tienen que saber qué pasó, que deben enterarse de lo que se vivió y de la forma en que nos trataron, que nos torturaron a las mujeres y las secuelas que nos dejaron”. E insistió con que esta es una labor permanente que, sobre todas las cosas, “hay que llevar a cabo entre las generaciones nuevas, para que nos sirva para poder luchar por un país mejor y para poder tener un gobierno popular”.