Fue durante la Cumbre de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que se llevó a cabo el sábado pasado en Bogotá. También se destacó la necesidad de promover la integración regional y la cooperación Sur-Sur. Y se reiteró que América Latina y el Caribe deben ser Zona de Paz.
“Cuba no ha cejado ni cejará en su empeño de preservar y defender a ultranza su total independencia y absoluta soberanía”, advirtió el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, al dirigirse a los presentes en la Cumbre de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. El encuentro, que se llevó a cabo el sábado pasado en Bogotá, culminó con un fuerte apoyo al multilateralismo, a la integración regional y la cooperación Sur-Sur. Al mismo tiempo, se afirmó el compromiso de enfrentar al cambio climático e impulsar el desarrollo sostenible.
La Declaración de Bogotá fue suscripta por una treintena de jefes de Estado y representantes de países de América Latina y el Caribe. El texto reafirma el compromiso con la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, lo cual se inscribe en la génesis de la Celac, y expresa una clara preocupación por las amenazas y agresiones estadounidenses contra la región que “violan la Carta de las Naciones Unidas”. De cara “a los graves desafíos actuales”, postula la necesidad de profundizar la cooperación regional en ámbitos como la lucha contra las organizaciones criminales transnacionales, la seguridad alimentaria, la autosuficiencia sanitaria y la integración energética.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, señaló: “Cuba siempre ha sido leal a los objetivos, alianzas y valores comunes y al interés de los pueblos de Nuestra América, siempre coherente en sus declaraciones y actos, siempre apegada a la verdad, la justicia, la razón y la solidaridad”, y añadió, “detestamos la traición a los valores, el oportunismo y la sumisión: jamás hemos callado ante el abuso y el martirio de un pueblo”. A continuación, denunció “la ilegal y cruel política de guerra y persecución económica del gobierno de los Estados Unidos contra nuestro país, sostenida de manera ininterrumpida desde hace más de sesenta años, y materializada ahora en un bloqueo recrudecido a niveles extremos, cuya expresión más reciente ha sido la Orden Ejecutiva del 29 de enero y la imposición de un brutal cerco energético con graves consecuencias humanitarias para nuestra población”.
A pesar del dramatismo de la situación, subrayó que los peores impactos del bloqueo se pudieron mitigar por la conciencia y la unidad del pueblo cubano: “gracias al eficaz esfuerzo del Estado y gobierno, al apoyo de las organizaciones populares y sociales con la conducción del líder de la Revolución, Raúl Castro Ruz, y del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez”. Una resistencia que se basa en años de acumulación, tanto desde lo ideológico como desde lo material: “la obra social, la infraestructura, la resiliencia de nuestra economía, nuestros propios recursos y la creatividad y el tesón de los cubanos”.
Por otra parte, reiteró que Cuba no es una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, sino víctima de actos de terrorismo que se financian y organizan desde territorio estadounidense: “desde donde las poderosas plataformas tóxicas de la agresión comunicacional contra nuestro país calumnian e incitan a la violencia”.
Ante las amenazas cotidianas de los Estados Unidos, que “declara casi a diario y de forma pública sus intenciones de agredir militarmente a Cuba o de lograr, por vía de la coerción, el derrocamiento del gobierno cubano”, Rodríguez resaltó la falsedad de argumentos que la potencia del norte quiere instalar en el sentido común: “esgrime simplemente el pretexto de que el modelo político y económico de Cuba ha fracasado, como si tal argumento fuera motivo suficiente para someter a castigo colectivo a toda la población de un país o agredirla militarmente”.
Rodríguez Parrilla hizo una referencia frontal a las presiones que el gobierno estadounidense ejerce sobre muchos de los gobiernos representados en la cumbre, incluyendo aquellos países que se han relacionado con Cuba con “fraternos y antiguos lazos de cooperación y solidaridad” y lamentó que en ese marco “algunas poblaciones de bajos ingresos y lugares remotos han sido privados de los casi únicos servicios médicos que recibían, a causa de la despiadada persecución estadounidense de la cooperación internacional cubana”. Y puntualizó que “más allá de posturas ideológicas, contradicciones políticas, diferendos históricos, estrechos intereses, lo que debemos cambiar en nuestro hemisferio es la agresiva conducta de dominación, despojo y conquista de Estados Unidos, su apego a la Doctrina Monroe y Corolarios, y a la noción supremacista y racista de que América Latina y el Caribe son su patio trasero”.
Con este telón de fondo y ante la amenaza que significa el llamado “Escudo de las Américas”, el canciller cubano instó a “defendernos en común de agresiones militares y del secuestro de Jefes de Estado como en la República Bolivariana de Venezuela, de invasiones y bombardeos preventivos como los que en Irán incendian el Medio Oriente y socavan la economía mundial o de genocidios como el de Palestina”.
Lejos de quedarse en lamentos, exhortó al fortalecimiento de los espacios de trasnacionales con vocación de defender la autonomía y la vida de los pueblos: “si una poderosa y democrática articulación internacional no los detiene con determinación, en el futuro apuntarán contra nuestros pueblos… La historia no perdonará a quienes pretendan ignorar o evadir la complejidad y el peligro del actual contexto regional ni las amenazas que hoy se ciernen sobre Nuestra América y sobre Cuba”.