Era la noche del 19 de julio de 1977 y una patota de la dictadura secuestró a Inés Ollero, una joven que cursaba tercer año de la carera de Biología en la UBA y militante de La Fede. A 49 años, su hermana Silvia la recuerda en este artículo para NP. “En un momento de tanta incertidumbre como el actual, debemos ser muy conscientes de lo que sucedió como para que no se vuelva a repetir”, afirma.
Inés era una militante comunista que esa noche del 19 de julio volvía de una reunión de las que habitualmente hacía la militancia. Iba en un colectivo de la línea 187 que tuvo la desgracia de tener que interrumpir su recorrido porque en su trayecto estaba la fábrica Grafa, una textil muy importante de esos años, con muchos obreros y entonces las fuerzas represivas siempre hacían operativos de ese tipo en esa zona. Eran, precisamente, los de la Escuela de Mecánica de la Armada.
Ahí, tanto a Inés como a todos los demás pasajeros los hicieron descender para revisar el colectivo y al hacerlo encuentran una literatura que Inés había dejado oculta debajo de su asiento. Entonces, cuando sucede esto los vuelven a subir a todos y los llevan a la Comisaría 49 donde los comienzan a interrogar, algo que hicieron hasta la madrugada cuando lo llamaron al colectivero para decirle “ahora llevás a todos los pasajeros a sus casas”.
Años más tarde, en ocasión del Juicio a las Juntas, cuando aparece el caso de Inés, el colectivero comenta que llevó a todos los pasajeros menos a ella, a quien habían llevado a la Escuela de Mecánica de la Armada, tal como pudimos saber concretamente mucho tiempo después, aunque fue algo que sospechamos desde el principio a través de la investigación que hizo mi papá, César Ollero.
El colectivero también reveló que escuchó que cuando la estaban interrogando a Inés, le decían “te vamos a sacar esas ideas” y que ella les respondió: “a mí las ideas no me las saca nadie”.
Inés era una militante del Partido Comunista con todo lo que eso implica, a los veinte años había concurrido a la Escuela del Komsomol, en la Unión Soviética, estaba absolutamente convencida de la necesidad de luchar por un mundo mejor...un mundo más igualitario y sin tantas injusticias.
A partir de ese instante, mi padre comenzó una búsqueda incansable...no paró de buscarla ni un solo día del resto de su vida, dejando todas sus actividades para intentar encontrar a Inés. Y en esa búsqueda y siguiendo el recorrido que ella hacía habitualmente, dio con la comisaría donde la habían llevado y pudo hablar con diferentes pasajeros del colectivo para poder recabar información. El colectivero y dos o tres de ellos se animaron a contar lo que había pasado.
Por otro lado alguien le dijo que era posible que Inés estuviera en la Escuela de Mecánica de la Armada y le recomendaron “ir a ver a Chamorro”. Entonces mi viejo se presentó en la Esma preguntando por Chamorro y, no sé si por azar o por qué, le terminan dando una entrevista con el vicealmirante Rubén Chamorro quien era director de la Escuela de Mecánica, pero cuando le refirió el motivo por el que quería verlo, Chamorro lo echó mintiéndole, diciéndole que ahí no tenían detenidos.
Pocos días después, mi padre recibió un llamado en el que Chamorro lo citó y mi papá, que era una persona muy optimista, pensó que iba a volver con Inés. A partir de ese momento hubo varias entrevistas...Chamorro aparecía muy interesado en saber qué decía mi papá quien, por su lado, estaba seguro de que Inés estaba ahí pero lamentablemente nunca pudo volver con ella.
A raíz de esto se presentó un hábeas corpus con la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Era un momento en el que por lo general nadie aceptaba los hábeas curpus pero Eugenio Zaffaroni, quien en ese momento era un juez de primera instancia, lo aceptó y se va constituyendo un caso que toma jurisprudencia y que ayudó a que, años más tarde, Chamorro fuera detenido.
Hay que tener presente que esto no pasó hace cien años. Esto pasó hace muy poco y también que los desaparecidos no eran entelequias...eran personas como cualquier otra, amadas por sus familias y que tenías sus vidas. Por eso es obligatorio no olvidar.
La Memoria siempre debe estar presente, porque cuando uno se olvida de lo que pasó, las cosas de este tipo se pueden volver a repetir y es precisamente en un momento de tanta incertidumbre como el actual, que debemos ser muy conscientes de lo que sucedió como para que no se vuelva a repetir. Y también debemos decírselo a los jóvenes que, por suerte, no tuvieron que vivir el horror de aquellos años.