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Un ataque con drones en territorio iraní tensa, aún más, la cuerda en Asia occidental. Benjamín Netanyahu e Isaac Herzog peregrinan por Europa en su intento de arrastrar a la Otan a una guerra abierta contra Teherán.

La escalada agresiva que desde hace varias décadas se perpetra contra Irán, acaba de escribir un nuevo y peligroso capítulo cuando la semana pasada, casi en coincidencia con la gira que llevó a Antony Blinken a Egipto e Israel, el ataque con drones contra un taller militar en la ciudad de Isfahan, volvió a poner sobre el tapete el sentido de las recientes amenazas que Washington y Tel-Aviv se encargaron de hacer explícitas contra Teherán.

Poco antes del ataque que tuvo lugar en Isfahan, el premier israelí Benjamín Netanyahu, advirtió que Israel está listo para atacar a aquellos que perciba como una amenaza y, tras cartón, partió hacia Francia donde fue recibido por Emmanuel Macron. La idea de sumar aliados para su agresión contra Irán, tiene una moneda de intercambio en el apoyo que Israel puede brindar en la guerra que la Otan emprende contra Rusia y que tiene por escenario, al menos por ahora, a la zona del Donbass.

La ecuación es clara y está atravesada por datos reales e imaginarios: si Rusia utiliza drones iraníes en Donbass, Irán es enemigo de la Otan y, por lo tanto, la Alianza Atlántica debería involucrarse más abiertamente en el conflicto desatado en Asia occidental.

Esta suerte de silogismo aparece argumentalmente bastante flojo de papeles, pero se refuerza con la premisa que blande Israel: “es preciso luchar contra el plan nuclear de Irán”. Claro que quien lo dice, es la única formación estatal de la región que posee armamento nuclear y está apoyado por la única potencia que utilizó ese tipo de armas en una guerra y contra población civil.

Así las cosas, la delegación iraní ante la ONU, presentó el caso atribuyendo la autoría del ataque a Israel, mientras que Teherán alertó que Irán “reserva su derecho legítimo” a tomar represalias y recordó que el Estado Judío perpetró varios ataques contra el programa nuclear iraní desde el colapso del acuerdo nuclear suscripto durante 2015 por Irán, Alemania, República Popular China, EE.UU., Francia, Reino Unido y Rusia.

Con este telón de fondo, desde el Partido Tudeh (PT), los comunistas de Irán, advirtieron sobre las “preocupantes consecuencias que pueden traer este tipo de peligrosas aventuras militares en la región” y recordaron que Netanyahu, “ha prometido hacer todo lo posible para evitar que Irán adquiera armas nucleares”.

Pero también que el presidente Isaac Herzog pidió a la Otan “que hiciera frente a las ‘amenazas iraníes’ e instó a los países miembros a endurecer su actitud contra el ‘régimen iraní’” porque, argumentó “la crisis ha traspasado las fronteras de Ucrania y la amenaza iraní ha llegado ahora a las puertas de Europa”.

Estas aseveraciones fueron hechas por Herzog cuando recientemente se entrevistó en Bruselas con el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, donde reclamó que la Otan “adopte la postura más fuerte posible contra el régimen iraní mediante la imposición de sanciones económicas, legales y políticas, así como la adopción de un enfoque creíble para disuadir militarmente a este régimen”.