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Sáb, Jun
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Política
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El gobierno, para no perder la costumbre, recibe los primeros fríos del año con anuncios de aumentos en las tarifas de gas. En dos años subieron más de mil por ciento en la zona metropolitana. “Es para que la energía sea más barata”, dijo sin sorna Aranguren.

Comenzó el otoño y como no podía ser de otra manera llegó con aumentos: a partir de ayer las tarifas de gas volvieron a subir, esta vez, un cuarenta por ciento. Así las cosas y en apenas un año, los aumentos superaron el 110 por ciento, y desde que Macri se sentó en el sillón de Rivadavia el precio se encareció más de mil por ciento. Estos números no son definitivos, sino que es la base del nuevo esquema tarifario. El aumento de cuarenta puntos es el piso que se pagará en el caso de que se mantenga el consumo respecto al mismo período del año pasado. Los usuarios más castigados son los del área metropolitana. En Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, los incrementos superan el mil por ciento promedio para los dos últimos años. Las alzas son tan impresionantes que las distribuidoras se encuentran diseñando un plan de financiación optativo para aquellos usuarios que no puedan pagar las nuevas facturas. Pese a este panorama, el ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, volvió a justificar los incrementos bajo la promesa de una mejora en el servicio ya que, supone, las empresas estarán en mejores condiciones para invertir. Además, sin ironía, prometió que “es para que la energía sea más barata”, ya que, según el gobierno, una de las excusas de los aumentos en las tarifas residenciales es que sirven para mantener el precio de la tarifa social. Sin embargo, la promesa de inversiones, por ejemplo, desconoce la tradición económica de las empresas del sector y las prácticas de los empresarios. Es que, tal como lo demuestra el caso de Marcelo Mindlin de Edenor o, en su momento, de los hermanos Cirigliano al frente de Trenes de Buenos Aires (TBA), cuando estos logran mayores ganancias, en vez de invertirlas para brindar un mejor servicio, las usan para fugar capitales o comprar nuevas empresas. Lo que termina ocurriendo es lo mismo que viene pasando hace décadas en el país y no es otra cosa más que el fortalecimiento de los grupos económicos que crecen gracias a los recursos del Estado pero que, al mismo tiempo, pujan para que este disminuya el gasto público y elimine regulaciones. Por eso las declaraciones del ministro no puede tomarse de otra manera más que como una tomada de pelo. Más aún cuando en la misma semana admitió tener todavía su patrimonio en el exterior y que podría ser repatriado sólo cuando el país, que el mismo administra, sea más confiable para invertir y ahorrar. Ahora, en el caso del gas ¿Por qué aumenta tanto? Es que además de querer asegurar la rentabilidad a las empresas del sector, a costa del bolsillo de los usuarios, el gobierno busca establecer una paridad entre el precio interno y el de importación, más allá del costo de extracción en boca de pozo. Para decirlo sencillo, el gobierno avanza en su plan de dolarizar el precio interno del gas en el contexto de un dólar absolutamente desregulado, cuyo precio es fijado por el “mercado”, tal como se jacta el presidente cada vez que le preguntan por el valor de la moneda estadounidense. Ante este escenario, Enargas se encuentra negociando con Metrogas y Gas Natural un esquema de financiación en cuotas para las nuevas facturas que comenzaran a llegar en el invierno. Si los montos ya son abultados, con los nuevos incrementos se volverán impagables para un sector cada vez más grande de la población, más aun en el contexto de aumentos generalizados en los precios de la economía ¿La meta inflacionaria del quince por ciento? Bien gracias, como el poder de compra del salario y la recuperación del mercado interno.