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Política
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Del globo amarillo al futuro negro -  La Rosada promete que si todo le sale bien sólo habrá más recesión y ajuste ¿La hiperinflación como factor de estabilidad? La construcción de alternancia que busca relegitimar el Estado Liberal Burgués y el mito del capitalismo virtuoso.

Desde que anunciara que el Fondo accedió a habilitar el waiver, que el ejecutivo tuvo que pedir a sólo tres meses de que acordara el Stand-By de cincuenta mil millones de dólares, el Gobierno Cambiemos parece decidido a dar señales claras a los prestamistas de Wall Streat de que, esta vez, va a cumplir al pie de la letra lo que firmó.

En este sentido, en el contexto de la política monetaria impuesta por el organismo multilateral -el viernes- el Banco Central avanzó en cambios normativos con los que espera llegar a un crecimiento cero de la base monetaria, antes de julio de 2019.

Por eso, desde hoy aumentan en tres puntos porcentuales los encajes bancarios, al tiempo que se habilita el pago mensual de intereses de plazos fijos, en lugar de al final de la colocación como ocurría hasta ahora.

¿Qué quiere decir esto? Que los bancos deberán tener más dinero en efectivo inactivo en sus arcas, algo que busca aportar a que merme la masa circulante, pero que también aspiran a que la medida -junto a la aplicación de instrumentos de corto plazo como las Leliq y Nobac- contribuya a descomprimir el frente explosivo que el propio gobierno abrió con las Lebac.

Este intento de secar la economía reduciendo drásticamente la masa de circulante, revela que contrariamente a lo que aseveraba el propio Central, desde diciembre de 2015 se siguió emitiendo moneda, y lo hizo a un ritmo bastante similar al que existía durante el gobierno anterior.

Ahora, apretados por el Directorio del organismo internacional, pretenden dejar de ampliar la masa monetaria, decisión que sólo va a añadir más recesión al actual panorama que ya es recesivo.

La receta de secar a la economía de circulante para intentar frenar la inflación, es algo que le venía reclamando el ala más ortodoxa del tándem de poder que gobierna desde diciembre de 2015, algo en que insistían –entre otros- Carlos Melconián y Miguel Ángel Broda.

Todo esto con un telón de fondo en el que las tasas de interés vuelven una tarea titánica la obtención de financiamiento, algo que afecta a quienes están bancarizados y deben pagar hasta el 120 por ciento en el caso de las tarjetas de crédito, pero también a los que se ven obligados a recurrir a  mecanismos informales para obtener préstamos a tasas de hasta 180 por ciento anual.

En el caso del sector pyme, la tasa de descuento de cheques esta en alrededor del ochenta por ciento. Y la tasa de referencia volvió a crecer para colocarse arriba del sesenta por ciento.

Este combo asociado a la sequía monetaria propiciada por las flamantes medidas del Central, sólo pueden profundizar -más todavía- el panorama recesivo y todo con una inflación que, para fin de año, puede acercarse a la zona de riesgo hiper, esto es el cincuenta por ciento. Hiperinflación sumada a recesión da como resultado estanflación de proporciones bíblicas.

Pero esto no es todo. El escenario externo que se complejiza, sobre todo, a la luz de lo que pasa y pueda pasar en Brasil que para nuestro país representa poco más del treinta por ciento del comercio exterior y, además, es el principal socio en la construcción del  espacio regional latinoamericano que –aún con problemas- exhibió mayor solvencia.

Por eso la situación de inestabilidad política de Brasil añade  más incertidumbre, cualquiera sea el escenario que surja de las elecciones y, fundamentalmente, del balotaje. Jair Bolsonaro ya dijo que su país se va a ir del Mercosur si lo eligen presidente, mientras que si ganara, la alternativa de Fernando Haddad se ve seriamente amenazada por la posibilidad de un golpe.

Queda claro quiénes son los que pagan la cuenta y, si para muestra alcanza con un botón, ahí está el índice de pobreza que publicó el Indec que, aunque mentiroso, exhibe una realidad sumamente alarmante.

Y lo es porque aunque saliera bien la alquimia que ahora -a instancias del FMI- experimenta el ejecutivo, cumpliría con la finalidad excluyente para la que se implementó: garantizar que cobren los acreedores que se beneficiaron con la temporada de sobreendeudamiento que habilitó Cambiemos.

Por eso, pese a los anuncios, sobre el cierre de la semana pasada continuó la caída de los bonos argentinos en las principales plazas financieras del exterior, mientras que aquí el precio del dólar pegaba otro salto.

Además, a priori y desde una posición de debilidad, el gobierno explicita en qué banda va a intervenir ¿Alguien puede creer que los mercados -timberos profesionales- no aprovecharían esto para forzar la paridad corriéndose lo más cerca del límite prefijado?

Es que con la dinámica que propone este paquete, se le da certeza a los acreedores que cobrarán intereses, pero de ninguna manera se puede garantizar que cese la fuga de divisas que no es otra cosa que constante drenaje de capital social argentino. Y esto es así porque la matriz del Gobierno Cambiemos se come a la gallina de los huevos de oro.

La disposiciones anunciadas por el Central -dejar de emitir y succionar pesos- anticipa una profundización de la sequía que, sumada a la tasa de interés que ya puso en jaque al aparato productivo que genera trabajo y valor agregado, pone contra las cuerdas al sector exportador.

De acuerdo al Indec, en agosto y con un tipo de cambio ubicado en la franja de cambio de treinta pesos por dólar, el déficit del comercio exterior fue el segundo más alto del año al trepar a los 1.127 millones. Así se dirige a superar el récord anual de 2017. Esto explica el fondo del problema y lejos está de responder a ninguna causa natural.

Entonces, en esta jugarreta de ganadores y perdedores, es evidente que si el plan del FMI va bien, los acreedores cobrarán intereses y la actividad económica se planchará todavía más. Y, si fracasa, Argentina vuelve a entrar en el camino del default.

En los dos escenarios los que pierden son los sectores que presentan más vulnerabilidad socioeconómica, pero también los sectores medios asalariados e incluso algunos ligados a la producción.

 

Lo mejor es peor

 

Aún en la mejor hipótesis del gobierno, aquella que señala que tiene asegurados los dólares para cubrir los vencimientos de aquí a que termine su mandato, es imposible que evite que la actividad económica caiga para fin de año alrededor de cinco puntos y el precio de la divisa estadounidense pueda ubicarse por encima de los cincuenta pesos.

Esto plantea un equilibrio tan endeble que cualquier detonante puede destruirlo, provocar la entrada en default que tanto teme La Rosada y profundizar la ingobernabilidad.

El dato central es que salen más dólares que los que entran porque liberaron todas las restricciones a la compra de divisa y fomentaron la fuga de capitales en la que –abiertamente- participó a título personal y corporativo parte del Staff Cambiemos.

También desregularon el sistema financiero, en consonancia con medidas que propiciaron la libre entrada y salida del capital especulativo, desregularon las importaciones y provocaron una verdadera festichola con el dólar turismo.

Todo esto se financió con capital especulativo y cortoplacista, además de toma de deuda que el Gobierno Cambiemos llevó a 261.483 millones, de acuerdo a los datos del Indec. Y lo que es peor: la deuda pública se acerca al setenta por ciento del PBI, lo que significa el nivel más alto en doce años.

Por eso cuando este año se cortaron las bocas de financiamiento, el Cambiemos llevó al país a donde siempre quiso que esté. El Stand-By del FMI, serviría según se apuraron a señalar el presidente y toda la troupe gobernante, para recuperar confianza entre los “mercados”.

Pero en menos de tres meses drenaron por la cloaca de la timba financiera más de 16 mil millones, esto es, el tramo que hasta entonces el organismo multilateral había habilitado. Por eso el waiver, el nuevo ajuste sobre el ajuste, dólar descontrolado y el horizonte que sigue siendo el mismo, ya que el ejecutivo insiste en todas estas políticas que llevaron hasta aquí.

Ante esto, juega sus fichas a la liquidación de las divisas de una cosecha importante. Pero como se recordará, La Rosada destruyó la obligación que tenían los exportadores para liquidar dólares en 180 días.

Y, encima, ahora el Central garantiza que, como mínimo, el precio de la moneda estadounidense aumente cada mes un cuatro por ciento ¿Por qué los agroexportadores incorporarían hoy al circuito económico local dólares que mañana van a valer más y, más aún, cuando pueden dejar esas divisas afuera del país? 

¿Entonces dónde podría estar el salvavidas para que este plan del FMI que nace insostenible, pudiera volverse viable y encontrara otro destino que provocar más ingobernabilidad para el actual staff de La Rosada, pero también para quien lo suceda?

El gobierno que comenzó  confiado en que la sola presencia de Mauricio Macri atraería una lluvia inversiones y que, dos años más tarde aseveró que eso mismo pasaría pero gracias al aval del FMI, ahora le prende velas a la cosecha y a cosechar voluntades entre parlamentarios ajenos a la bancada Cambiemos, que acepten un Proyecto de Presupuesto mentiroso con el que esperan convencer al Directorio del FMI  de que es capaz de controlar la situación.

Septiembre trae una inflación que puede rondar los siete puntos y octubre va presentar un índice alto por el tarifazo en el servicio de gas, las naftas y la vuelta de rosca devaluatoria. Con este panorama, el ejecutivo espera poder morigerar la inflación durante los dos últimos meses del año para llevarla al rango del tres por ciento.

¡Sí, se alegran con un tres por ciento! ¿Pero qué va a pasar cuando sin lluvia de inversiones, en medio de la recesión y ajuste, se siga profundizando la tendencia que -en el mejor de los casos- dentro del universo del trabajo formal, llevará a que a fin de año la inflación haya destruido más del veinte por ciento de lo acordado en paritarias? Esto dentro del universo del trabajo formal y, ahí, entre los que pudieron cerrar paritarias.

“Si uno tiene una hiperinflación, entonces se puede hacer un buen programa de estabilidad”, aseveraba Melconian tres años atrás y, hablándole al electorado que poco después consagraría como presidente a Macri, recalcaba que “la gente sólo se aviva si tiene un conflicto grande”.

¿Será entonces que una hiperinflación que acomode las variables de la economía es una alternativa para el tándem de poder instalado en La Rosada? ¿Será que esa es la próxima fase del plan del FMI? ¿Irá acompañada por una vuelta de rosca más hacia algo parecido a la convertibilidad y la dolarización, tal como lo postuló el director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, Larry Kudlow?

¿Y si fuera así, será acaso el legado del Gobierno Cambiemos terminar de destruir el aparato productivo, volver ingobernables a las variables economía para facilitar esta vuelta de rosca letal -y quizás definitiva- en el camino de la delegación de soberanía que implicaría una dolarización o proto-dolarización?

En cualquiera de estas hipótesis, está claro que el escenario se piensa, ya no para el Gobierno Cambiemos que quedaría sin margen político después de culminar con tamaño trabajo sucio, sino para el emergente que lograra hegemonizar el bloque de alternancia que con matices, pero claro liderazgo peronista, comenzó a consolidarse en el escenario de representación política tras los comicios de medio término.

Si el Staff Cambiemos persiste en profundizar su actual línea de acción -y todo indica que no piensa moverse ni un ápice- está claro que le va a costar llegar entero a diciembre de 2019.

Y esto es así porque, además del colapso que la recesión y el desempleo que, para fin de año va a estar en alrededor de quince por ciento, provoca entre los sectores más vulnerables, ya entre las capas medias la cosa comienza a sentirse con rigor.

 

Ciudadanismo

 

“Los argentinos se merecen que lideremos una transformación estructural del país. No admite gradualismo. Somos la única alternativa para lograrlo y necesitamos de cada uno de nosotros”. Marcos Peña dijo esto el fin de semana en Parque Norte, ante los principales dirigentes de Cambiemos que se dieron cita para definir agenda y comenzar a delinear el proyecto electoral 2019.

Por su parte, el Multiverso Peronista también mueve fichas. Las últimas jornadas trajeron la conformación del Frente Sindical, la renuncia de Schmid al Triunvirato de una CGT que se sigue atomizando, reuniones de gobernadores e intendentes, la foto de Massa, Urtubey, Pichetto y Schiaretti y la réplica de Solá y Rossi que advierten que ninguna construcción de ese espacio puede prescindir de Cristina Fernández.

Todas estas movidas de ajedrez parecen destinadas al intento por dirimir entre la profundización del camino emprendido en diciembre de 2015 y los que sostienen que la cosa pasa por perfeccionar la democracia liberal, por medio de mecanismos de democracia más participativa que garantizarían el advenimiento de una nueva ronda de redistribución social de excedente.

Ambos coinciden en la idea de que en medio de la crisis, es necesario relegitimar al Estado Liberal Burgués (ELB) ¿Pero es viable perfeccionar la democracia liberal a punto tal de convertir en virtuoso al ELB?

Cambiemos es un ejemplo claro de esta ideología difusa que refuerza la concepción de que democracia es sólo asimilable a ELB y, más aún, a capitalismo. Pero no está sólo, ya que esta mirada es aceptada –al menos- por buena parte de los sectores en pugna por hegemonizar el bloque de alternancia que surgió de las elecciones de medio término.

Desde esta perspectiva es la hora de la post-política, es decir, vaciar de contenido a la política para reducirla al papel de administradora de lo existente, pero también de reforzar la idea de que no hay nada más allá del capitalismo.

El ciudadanismo plantea un paradigma en el que, por una mágica sumatoria de voluntades, los individuos seríamos capaces de reforzar y mejorar las instituciones del ELB, para convertirlas en virtuosas.

Así, se instala que corrupción, asimetrías sociales crecientes, destrucción de derechos y delegación de soberanía no son consecuencia de fenómenos sistémicos del capitalismo como la financiarización, la deslocalización y el precariado sino producto de excesos y deslices éticos que la voluntad ciudadana podría corregir.

Por eso es que esta perspectiva suma reformistas de diferentes orígenes, liberales y hasta pseudo-marxistas enamorados de miradas economicistas, entre otras yerbas permeables a soslayar las contradicciones de todo tipo, fundamentalmente las de clase.

Y, sobre todo, evita reflexionar sobre cuáles son los mecanismos básicos de dominación que motorizan la dinámica social, lo que lo convierte en una pieza clave para el esquema de dominación capitalista del siglo 21.

Es que esta suerte de capitalismo remasterizado que se presenta como moderno, no es otra cosa que una fase específica del capitalismo, el mismo de siempre que maliciosamente intenta imponer la idea de que existe una especie de unidad ontológica entre democracia y capitalismo.

Así las cosas, es verdad que como responsabilidad de coyuntura, es preciso aportar a la construcción de un bloque capaz de frenar aquello que representa el Gobierno Cambiemos.

Pero también es cierto que hay que ser claros a la hora de señalar que, en la actual fase de desarrollo de la Segunda Crisis de Larga Duración Capitalista, está condenado a fracasar cualquier proyecto que pretenda la ampliación de derechos ciudadanos sin cuestionar y -mucho menos- avanzar sobre las relaciones capitalistas que atraviesan todos los aspectos de la dinámica social.

Entonces, ante dos bloques que están atravesados por la creencia de que nada existe por afuera de ese sistema de representación, es decir, no hay nada más allá de los límites del ELB y las relaciones que impone el capitalismo, es prudente insistir con que es posible avanzar más allá de ese horizonte.

Y hacerlo es insistir en señalar y actuar ahí donde -con la crudeza del momento- se hacen evidentes las contradicciones entre los universos del capital y el trabajo. Porque ajuste, despidos, inflación, caída del poder adquisitivo, pobreza, miseria, represión y hambre son sólo algunos de los escenarios que exhiben que la lucha de clases existe.